domingo, 3 de julio de 2011

Fiesta y madrugueo: actividades casi incompatibles

A tenor del comportamiento matinal cada vez tengo más claro que fiesta y madrugueo son casi incompatibles máxime si la noche precedente uno se ha dedicado a ingerir "zumo" de cebada San Miguel y acompañarlo de vituallas tan poco recomendables como calamares en salsa americana y a la romana, orejas de cerdo en salsa o algún que otro montadito de salchicha.
Si a todo esto -bien condimentado y aderezado con su justo picante- le añadimos el palizón matinal sabatino y las escasas 4 horas de sueño de las que he podido disfrutar no es de extrañar que uno sienta ciertas sensaciones raras en las piernas imposibles de eliminar.
Y eso es lo que ha pasado. En primer lugar, no he sentido el despertador ¿lo pondría bien anoche?; en segundo lugar, he tenido que salir pitando para estar dispuesto a las 7:15 horas y, en tercer lugar, los condicionantes de recorrido y tiempo disponible.
En esta situación José Gónzalez y yo hemos salido en dirección a Terreros con intención de retornar por Grima, pero, igual que sucediera el pasado domingo, otra vez en el bazar chino nos topamos con otra patulea de bikers.

En esta ocasión mucho más numerosa, tanto que me ha sido imposible recabar en el número si bien se ha contado con la presencia de algún que otro biker que en otras ocasiones han salido con nosotros tal ha sido el caso de Agustín, de Alfonso o de Mariano -no recuerdo cuánto tiempo hace que compartieron con nosotros Campo López - e incluso alguna nueva incorporación como ha sido el caso de Juan Antonio.
Inicialmente nuestros planes y los suyos coincidían y nos unimos al grupo que pone rumbo al Mirador.

En la bajada, el primer contratiempo de la jornada: la rueda delantera de la bici de Agustín destalona y se da un tortazo espectacular aunque afortundamente sin consecuencias físicas si bien le impide proseguir junto a nosotros.

Aventurándonos a encontrarnos con algún que otro escopetero, optamos por adentrarnos en las sendas del Cerro de los Pinos.

Afortunadamente, la zona está limpia de cazadores y nuestro trásito se hace sin ningún incidente si exceptuamos alguna que otra "bajada" involuntaria de la bici.
De aquí a Grima y a las sendas de la Capellanía, lugar donde sin quererlo se provoca la fragmentación del grupo: unos, los más adelantados, toman la variante de la izquierda; otros, los más conservadores, optamos por la variante del alto de Castillaricos donde Juan Terrrones nos vuelve a demostrar que los rampones, con técnica y un par de ..., se pueden subir sin problemas.

Problemas de comunicación por falta de cobertura telefónica o por haber dejado los móviles encima de los pianos junto a la necesidad de estar en Pulpí antes de las 10 me obligan a poner tierra de por medio y en plena bajada de Castillaricos hacia El Catalán localizo al resto del grupo en la zona del "puente de las colmenas".
José González y Abderrazak formamos un trío y ponemos rumbo hacia Pulpí buscando el camino más corto y este no es otro que el que conduce desde Mediplant a Mundo Aguilón.
A partir de este tramo comienzo a no sentir las piernas, a tener problemas hasta para mover los desarrollos.
¡Cosas del destino! Ayer subía la cuesta del Capitán a plato y hoy me las he visto y deseado para seguir en la distancia a José y Abderrazak en todo el recorrido.
Coronada la cuesta del Capitán, se acabaron los problemas y lo más positivo: estábamos de regreso con muy poco retraso con relación a la hora prevista.


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