sábado, 2 de julio de 2011

Retorno a la Sierra de los Mayorales y cambio de horario veraniego

Hacía mucho tiempo que no transitábamos por este paraje aguileño tanto que casi no lo recuerdo y tal vez por ese motivo hoy me apetecía retornar a Los Mayorales.
En la línea de salida José González -de vacaciones por unos días-, Alfonso Jiménez, Gabi Cervantes y Antonio Martínez no ponen reparo alguno a mi propuesta y, después de 5 minutos de cortesía por aquello de que algún rezagado pudiera incorporarse, hemos puesto rumbo hacia La Hoya para bajar por puerto Carril hacia La Venta San Felipe.
De entrada, antes de incorporarnos a la carretera de Puerto Carril, hemos sido sorprendidos por una serie de disparos.
Hemos tenido ocasión de detectar su origen: los cazadores han vuelto a tomar el campo acompañados de sus correspondientes jaurías.
El tránsito por los caminos y veredas comienza a ponerse complicado para los "mountain bikeros".
Llegados a la cuesta de la Cabra la escena vuelve a repetirse con nuevos tiros y escopeteros pateándose los cabezos.
Hoy la ascensión hasta el collado de Los Mayorales nos la hemos tomado con mucha, tal vez demasiada filosofía, excepto José y Gabi que decidieron poner pies en polvorosa nada más pisar la susodicha cuesta.
Se han dado una paliza para nada porque después, una vez coronado el collado, se han encontrado con un trío de bikers que subían desde Calabardina y se han puesto a paliquear con ellos hasta que finalmente hemos llegado los "desestresaos".
Foto de rigor, algún que otro cambio de aguas y descenso hasta la ermita de la Cuesta de Gos, lugar donde habitualmente solemos hacer el avituallamiento y hoy no iba a ser menos.
Desde aquí hasta El Garrobillo ni una pedalada, unas cuantas más hasta Águilas.
¡Menudo mercado semanal celebran junto a la circunvalación! Se nota que ya hay gente disfrutando de vacaciones.
El retorno a Pulpí, por la variante de Agrucapers a El Cocón -¡qué hermosura de mangos!- y desde aquí a Jaravía para asaltar otra vez la cuesta del Capitán.
Hoy mi propuesta era subirla a plato y no hacerlo por encima de las 170 rpm.
En lo primero no ha habido problema, pero lo de las rpm ha sido otro cantar.
Inicialmente todo supercontrolado hasta alcanzar la zona que muy pronto se irá al garete si nadie ataja el desprendimiento que ha comenzado a fragaurse en la carretera.
Desde aquí hasta coronar me ha importado un bledo la respuesta del corazón y lo he llevado hasta las 180- o al menos eso me ha parecido ver a mí.
Ni que decir tiene que esos 300 últimos metros me han sacado de mis casillas.
¡La bici está hecha para sufrir! No sé porqué me quejo.
¿Y mañana domingo?
Se acabaron las tonterías. El titi, es decir, yo, a las 7:15 horas -sí, sí, a las siete y cuarto de la mañana- estaré en el lugar habitual. Si hay alguien, bien; si no, pues manta y a bicicletear de modo que a las 10.00 de la mañana, sin que apenas me caliente el sol, esté de vuelta en casa.
Así pues, quién quiera acompañarme que esté dispuesto a las 7:15 en el cuartelillo de la Policía Local.

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