domingo, 1 de mayo de 2011

Sierra Almagro y van...

Ya le hemos perdido la cuenta y hasta el miedo. Nos da lo mismo atacarla por el punto cardinal que se tercie y este pasado sábado, para despedir el mes de abril, lo hicimos a lo grande, como auténticos machotes.
¡Y así terminamos con tanta variante! 
De entrada, nos dirigimos hacia El Convoy para "inspeccionar" el entorno donde este próximo fin de semana se vivirá la romería de la Virgen de Fátima y desde allí, atravesando "lechugares" abordar la variante de las lomas de Al Farax para caer finalmente a la cañada de Los Guiraos.
¡Qué cambios tan espectaculares trae consigo en la naturaleza la llegada de la primavera!
Resulta todo un placer para nuestros sentidos poder contemplar tamaña eclosión de color y fragancias silvestres.
Y en un santiamén nos presentamos en Los Guiraos dispuestos a "pasar de largo", después de haber sudado la gota gorda buscándolo, por el cortijo El Soto.
Y de aquí, al collado de El Cucharón -hoy no le hemos dicho ni hola- para proseguir ruta hacia La Rápita -alto obligado para avituallarse- y la variante de Huércal la Vieja.

Camino de esta variante nos "topamos" con un cuarteto de Vanderrutas -Andrés "Afis", Fernando, José Miguel y Jorge- a los que "invitamos" a conocer la senda de Huércal la Vieja y de paso proseguir ruta junto a nosotros.
 
¡Que si quieres! Ellos a lo suyo: culminar la subida, dirigirse por el Soto hacia Los Guiraos y regresar por el camino Real.
Alfonso "Suna" tenía razón. La senda de Huércal La Vieja es espectacular y ... peligrosa para el personal no dado a las veredas ubicadas al borde de los barrancos y de los terraplenes. No hay más remedio que poner pie en tierra en más de una ocasión. El vértigo puede pasar factura.
Un ligero despiste nos lleva a confundir el camino de Las Negras con el de bajada hacia la variante -otra más- de La Rellana.
Una corta bajada hacia el valle y de nuevo a subir "rampeando" como cada cual puede.
 
Menos mal que la ascensión a La Rellana es corta porque si no a más de uno se le hubieran acabado las pocas reservas que aún atesorábamos.
Y de La Rellana a la bajada del Grajo. Nos habían comentado que la habían arreglado. Ni hablar, sigue igual que estaba hace tiempo, aunque las lluvias han contribuido a que no haya tierra y piedras sueltas.
La bajada, como siempre, espectacular. Los frenos se resienten y comienzan a contaminar el aire con un olorcillo característico.
Se me ocurre "palpar" uno de los discos y un poco más y me dejo la piel de los dedos pegada. ¡Menudo calentón!
A partir de ahí, pedales y más pedales hasta regresar a casa.
No obstante, hemos acumulado nada más y nada menos que 1100 metros como el que no quiere la cosa.

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